Contratos de integración ganadera

Monografía: Vilalta, A. E. (2006).  Los contratos de integración ganadera. De los primeros pactos ganaderos a la Ley de Cataluña 2/2005, de 4 de abril, de Contratos de integración. Editorial Bosch (01/01/2006). 338 pàg. 8497901622. ISBN-849790162-2.

Estas son las indicaciones conclusivas tras el estudio de dicha figura contractual:

Tras el análisis de estos antecedentes, bien podría convenirse, de acuerdo con ciertas indicaciones de la doctrina prevalente sobre los concretos aspectos tratados, que el contrato de integración ganadera descrito y tipificado por la legislación catalana constituye en su configuración actual una forma emancipada de explotación ganadera propia de las sociedades industrializadas que, arrancando de las tradicionales aparcerías pecuarias –soccida en Cataluña- consolidaría un tipo legal autónomo por el que las partes, superando las meras relaciones de cambio y sin acudir a fórmulas societarias establecen una relación contractual de servicio recíproco y mutua influencia tendente a la organización de las condiciones de colaboración en la gestión de una actividad ganadera que persigue como última ratio la obtención de productos pecuarios en situación de optima racionalización.

1. Desde una perspectiva histórica, la individualización del contrato de integración respecto de la soccida hallaría su causa en: a) La multiplicación de las obligaciones que giran en torno al núcleo de la prestación principal. b) La introducción de técnicas de producción que limitan la libertad e independencia del ganadero en la conducción del ganado (en los contratos ganaderos clásicos la independencia del ganadero en la forma de llevar a cabo el cuidado de los animales era casi absoluta). c) Y finalmente una modalidad de compensación mayormente consolidada en la práctica ganadera de hoy  consistente en una participación económica al margen de antiguos derechos sobre determinados aprovechamientos –leche, estiércoles, lana, pelo, etc.- o de copropiedad sobre los acrecimientos.

2. Desde un prisma meramente económico podría también convenirse que el legislador opta por una regulación esencialmente descriptiva que traduce a términos jurídicos una realidad económica nacida por la fuerza de los hechos técnicos. Desde este mismo prisma cabría estimar que el contrato de integración halla su correlato mercantil en los contratos de concesión y en las denominadas joint ventures no estructuradas (o asociaciones en participación), éstas últimas como expresión de un fenómeno económico de alianza, que constituye el mecanismo más incipiente de colaboración establecido con fines de optimización y fraccionamiento del riesgo empresarial en operaciones económicas sin llegar a la fusión jurídica. Son caracteres identificativos del fenómeno por un lado, la versatilidad del negocio en orden a la deseada colaboración con miras a la optimización de la actividad, la reducción de costes de producción y el reparto del riesgo empresarial, sin mengua de la autonomía de los agentes, que continuarán siendo jurídicamente independientes, funcionalmente autónomos y económicamente activos.

 3. Desde un punto de vista jurídico constituye un negocio jurídico privado,  civil y agrario; oneroso, formal, de estructura bilateral (articula servicios recíprocos por lo que hace a las correlativas prestaciones) y sin embargo con función asociativa en tanto organiza las condiciones de colaboración en la gestión de la actividad pecuaria; incorpora, finalmente, una cláusula parciaria por cuya virtud el integrado participa, con mayor o menor intensidad, en la ventura del negocio sobre vincular el valor de su crédito contra el integrador con la producción o la capacidad de producción (como índices de su determinación, junto con las aportaciones y los costes).

4. La cláusula parciaria introduce aspectos que confieren al negocio caracteres que le son peculiares: configura un tipo contractual autónomo, de naturaleza parciaria que permite alcanzar objetivos asociativos sin llegar a constituir una sociedad ni albergar un fin común –un animus contrahendae societatits[1]. Esta modalidad parciaria podrá adquirir luego rasgos o perfiles de carácter más asociativo o por el contrario más próximo a los contratos de cambio, en virtud de los concretos pactos que alcancen las partes en orden al grado de implicación de cada una en la actividad y la determinación de la contraprestación, sin que este aspecto afecte a su subsunción ni altere la naturaleza del contrato. La Ley deja al libre arbitrio de las partes la determinación del contenido de las prestaciones, de manera que el cariz más o menos conmutativo o asociativo dependerá de la libérrima decisión de los contratantes.

5. La pluralidad de relaciones y facultades jurídicas que permite articular el contrato en su seno lo acerca, por su parte, a la categoría de los contratos complejos.

6. El hecho de que, cualquiera que sea la modalidad adoptada, genere un cierto grado de dependencia del integrado respecto del integrador ha dado lugar a que algún autor reconozca en él caracteres propios de una categoría contractual nueva aglutinadora de los contratos de actividad profesional. La relación regular, privilegiada o incluso en exclusiva genera en el profesional una cierta dependencia económica cuyos efectos no cabe ignorar, de manera que, con pleno respeto de la autonomía de la voluntad privada, estos contratos requieren mecanismos legales de transparencia y acuerdos interprofesionales en orden a alcanzar un equilibrio contractual.

7. Podría convenirse además que los aspectos propios de la conclusión del acuerdo que el legislador ha previsto para el contrato hacen que éste adquiera unos caracteres especiales que le confieren una nota propia de los contratos tipo, por lo que vendría a configurarse como un contrato de adhesión susceptible de ser homologado por la Administración.

8. Puede considerarse finalmente, que el contrato tipificado por el legislador catalán a través de la recién aprobada Ley 2/2005, de 4 de abril, se propone introducir paliativos al natural desequilibrio que con frecuencia revela en la práctica esta modalidad contractual desde la perspectiva del ganadero integrado.

La posible falta de libertad originada por el escaso poder contractual del ganadero puede verse superada al menos en muchos supuestos con una regulación que, sin limitar de modo excesivo la voluntad de las partes en la organización del sistema de gestión para el desarrollo de la actividad, establece límites imperativos infranqueables y configura un contenido dispositivo del contrato que predispone al establecimiento de unas relaciones en las que la recíproca distribución de las cargas se halla más equilibrada, al tiempo que asegura una remuneración mínima para el integrado. La nota de reciprocidad y participación en las cargas y beneficios en el seno de la colaboración emprendida contribuyen así a un reparto más equitativo de los costes, algunos de ellos originados por la observancia de nuevas y muy diversas exigencias normativas en el orden sanitario y medioambiental.

Puede consultarse dicho trabajo a través del siguiente enlace: https://drive.google.com/file/d/1wI9wOvczU76QpQuSJt2Ie4y__XnmH7j4/view?usp=sharing


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